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INFO

  • FECHA: 20-10-2020
  • LUGAR: México

PAÍS DE ORIGEN

Argentina

Argentina

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Mi casa es tu casa, México

Giselle en Buenos Aires, Argentina

De la mano de mis amigos mexicanos aprendí algo que iba a cambiar mi vida para siempre. Cuando un mexicano te dice “mi casa es tu casa” lo dice de verdad.

Mi historia con ese país comenzó por esas casualidades (?) de la vida, cuando en mi trabajo fusionaron mi área con la del país azteca.

En 2006, vinieron varios mexicanos a darnos un curso y entre ellos estaba Nayeli. Congeniamos enseguida y aprovechamos el tiempo que tuvo en Buenos Aires para mostrarle mi ciudad. Por un cambio en su trabajo, al poco tiempo volvió para seguir compartiendo tiempo juntas. Fuimos a Colonia, fuimos al teatro, de compras y comió un super asado en casa.

Un año después, una compañera me comenta que había dos mexicanos que querían venir a Buenos Aires y querían consejos viajeros. Como amo mi ciudad y me encanta presentársela a quienes la visitan, ayudé a Israel y Victor a la distancia, y cuando vinieron aprovechamos para conocernos, pasear juntos y salir de fiesta como solo los mexicanos saben hacerlo.

Ese mismo año apareció Nelly. Con ella nos conocimos en el mismo trabajo y durante años nos hablamos casi a diario. Poco a poco empezamos a charlar más que de manuales y procedimientos, y cuando nos dimos cuenta ya éramos amigas y ni siquiera nos habíamos visto. Ella dejó la empresa y en el 2012 me escribió para decirme que se casaba y que estaba invitada. Dudé bastante, pero me compré mi pasaje y fui. Y sería esa aventura la que me hizo conocer un país que adoptaría como propio.

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Encuentros en DF

Ese 10 de marzo, llegué a la madrugada al DF y cuando salí de migraciones ahí estaba ella, con un globo de bienvenida y un mini sombrero de mariachi que aún conservo. Nos abrazamos y simplemente pareció un reencuentro después de un tiempo sin vernos, pero en realidad era la primera vez que nos veíamos.

Otra vez las casualidades mexicanas hicieron de las suyas y resultó ser que Nelly se casaba en Guadalajara, donde ahora vivía Victor, así que tenía con quien quedarme. Él hacía poco que se había mudado, pero ya tenía una banda que me recibió como una más y allí conocí a Addy y a Elias, quien también se convertirían en mis amigos y futuros anfitriones.

Luego de la boda me fui sola a la Riviera Maya, hice Couchsurfing en Playa del Carmen, estuve unos días en Isla Mujeres, recorrí playas paradisiacas y ruinas centenarias.

Al volver al DF, también pude presenciar la boda de Nayeli. Mis dos mejores amigas aztecas, se casaron en el mismo mes y aunque una no sabía de la otra, pareciera que todo cuadraba para que mi primera experiencia en el país fuera memorable.

Me fui de mi primer viaje a México con el corazón partido y la maleta llena de productos típicos. No tenía idea de que un lugar me pudiera atrapar así. Sentí la hospitalidad al extremo, me enamoré de sus colores, de su cultura y de sus sabores, y sabía que esa era mi primera vez allí pero seguro, no la última.

Recorriendo el país

En 2015 con la excusa de la boda de Victor volví. Esta vez para quedarme 5 semanas y volver más mexicana que nunca. Comencé el viaje visitando a Addy en Puebla, de allí fuimos a Guadalajara. Celebramos la boda y unos días después me fui con Elias a Puerto Vallarta. Me presentó a mas amigos que nos recibieron en su casa, paseamos por hermosas playas y afianzamos mucho más nuestra amistad que había empezado viéndonos solo dos días hacía 3 años.

Al volver me fui sola a Chiapas, me quedé en San Cristóbal de las Casas y conocí Palenque. Seguí viaje en la casa de un chico que conocí en la boda de Victor y que vivían en San Miguel Allende. Un pueblo del que había escuchado mucho y que me robó el corazón para siempre. Tuve una breve visita a Guanajuato solo para quedarme con ganas de más. Pasé semana santa con Addy en la tradicional Oaxaca y finalmente volví a la gran ciudad.

Al monstruo de los 21 millones de habitantes y el trafico infernal que para mí es como estar en casa ya que allí pude encontrarme nuevamente con Nayeli y Nelly. Lloré muchísimo a mi regreso y hasta llegué a pensar seriamente en mudarme a esas tierras lejanas que nada tienen que ver con mis raíces.

Luego volví a adaptarme, me enamoré en mi país y me quedé. No sin extrañar mi otro hogar, mis otras familias.

En 2019 tuve un paso breve junto con mi mamá, a quien acompañé a cumplir una promesa a la Lupita, Virgen de Guadalupe patrona de México. Logré abrazar a unos cuantos amigos, comer tacos al pastor, moverme por la Ciudad como una local y hasta comprar mi vestido de novia (para la boda que el covid se encargó de arruinar).

México me adoptó y yo no puedo estar más agradecida. Porque no importan los kilómetros, ni el tiempo. Mi casa su casa, amigos. Siempre.

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